El artista bohemio recibe una carta anónima con
un dibujo de un huaca y una fecha: 1821. El
mensaje dice que el pacto aún vive. No puede
ignorarlo.
La carta llega en un día de lluvia en Lima,
donde los edificios coloniales se hunden en el
olvido. El artista, conocido por sus retratos de
la clase baja, comienza a pintar el huaca con
una precisión inusual, como si lo hubiera visto
antes.
En el mercado central, un anciano le entrega un
cuaderno de cuentas de una casa de comercio
desaparecida. Las páginas mencionan un "pacto
con el huaca" para evitar la ruina. El artista
no entiende, pero siente una presión en la
cabeza, como si algo lo recordara.
Un mural en el centro histórico comienza a
cambiar por sí solo. Los colores se intensifican,
las figuras se mueven. La policía lo investiga,
pero él no recuerda haberlo pintado. El huaca,
ahora visible en la pared, parece sonreír.
El artista es arrestado por vandalo y subido a
un camión de la policía. En el asiento de atrás,
un compañero de celda le ofrece un pisco sour.
El hombre dice que el huaca lo vio antes, que no
debe olvidar. El artista bebe, pero no recuerda
nada.
El mural desaparece durante la noche. Solo queda
una mancha de tinta en la pared, que se
transforma en un mapa de Lima antigua. El
artista, liberado, busca el lugar en el mapa.
Encuentra una casa en el barrio de Miraflores,
abandonada desde el siglo XIX.
Dentro, encuentra una caja con documentos y un
retrato de un caudillo. El papel lleva la firma
del mismo artista, pero en otro tiempo. El huaca
lo mira desde la pared, y el artista siente que
está en un ciclo.
Al salir, el cielo se oscurece. Un grupo de
personas lo sigue, murmurando sobre el pacto. El
artista corre, pero no puede escapar. El huaca
lo llama por su nombre, y el mundo se detiene.
El cuerpo del artista es encontrado al amanecer,
con el retrato en la mano y el mural
reapareciendo en la pared. La policía no lo
reconoce, pero el mapa sigue en la pared, ahora
con una nueva leyenda: "El pacto no termina".


