En 1976, en el barrio de El Callao, un joven de
origen quechua llamado José Lloclla se consolida
como líder de una red de tráfico de cocaína. Su
ascendente poder lo lleva a alianzas con
militares en retirada, quienes le ofrecen
protección a cambio de información sobre
movimientos insurgentes en el altiplano.
La ciudad vive bajo la sombra de la dictadura:
precios volátiles, censura y desapariciones. La
familia de José, originaria de Cusco, es
respetada en los mercados indígenas, pero su
hermano mayor, Miguel, lidera un grupo de
izquierda que combate el narcotráfico desde las
montañas.
Una noche, José recibe una llamada anónima:
Miguel ha sido capturado por un batallón de
inteligencia. Para salvarlo, José debe entregar
un mapa que revela rutas secretas de tráfico a
través de los Andes. Pero el mapa está marcado
con símbolos antiguos de la cultura quechua,
símbolos que solo él puede descifrar.
Al ir a rescatarlo, descubre que Miguel no fue
capturado, sino reclutado por el ejército para
infiltrarse en su organización. La traición es
fraternal: su hermano lo vende a cambio de
seguridad para su esposa y sus hijos. En un
duelo silencioso en el puente de Huamantanga,
José lo mata con una flecha de paja, el mismo
ritual que usaban sus antepasados para castigar
a los traidores.
La guerra interna entre fuerzas militares y
grupos rebeldes se intensifica. José, ahora sin
hermanos ni aliados, debe elegir entre huir o
convertirse en el nuevo jefe de una milicia
privada. Con la mirada perdida en el horizonte
de la selva, donde la sangre de su familia y la
de otros caídos aún corre en los ríos, decide
seguir adelante, solo, en medio de un mundo roto.
La conspiración militar nunca se resuelve; solo
se oculta bajo nuevas capas de corrupción. El
introspectivo José, ahora más solitario que
nunca, camina hacia el futuro con la certeza de
que la traición no solo viene de afuera, sino
también de dentro.


