El barrio de Villa El Salvador se convierte en

un campo de batalla cuando el gobierno anuncia

una expropiación masiva para construir un centro

comercial. La bruja de pueblo, conocida por sus

rituales de protección, es llamada por un grupo

de vecinos para detener el desalojo. Ella usa

raíces y ofrendas para bloquear el avance de las

máquinas, pero el alcalde, un hombre de negocios

cercano al régimen, envía a su guardia personal

para arrestarla.

Durante la confrontación, un niño se lesiona al

caer en un pozo abandonado. La bruja lo rescata

con un hechizo de luz, pero el acto es visto

como una amenaza mística. La policía interviene,

y ella es encarcelada bajo acusaciones de

brujería y disturbios públicos. En la cárcel,

descubre que el alcalde ha usado un pacto con un

espíritu de la tierra para garantizar el

desarrollo del área, un acuerdo que viola un

antiguo tratado entre los pueblos indígenas y el

estado.

Aprovechando una tormenta eléctrica, la bruja

fuga con la ayuda de un preso que la reconoció

como una vieja amiga de su madre. Juntos, buscan

a un anciano sabio en el distrito de San Juan de

Lurigancho, quien les revela que el espíritu no

puede ser expulsado sin un sacrificio humano. La

bruja se ofrece, pero antes de cumplir el ritual,

el alcalde aparece y ordena su ejecución para

evitar el desastre.

En el último momento, el espíritu se manifiesta,

arrastrando al alcalde al río. El barrio se

salva, pero la bruja desaparece, dejando solo un

círculo de flores silvestres en el lugar donde

fue vista por última vez.