En 1987, cuando el pan valía más que el sueldo y

los carros de la policía no tenían placas, Mateo

salió de Ayacucho con dos camisas, un mapa

rasgado y el nombre de su hermano, Rómulo,

tatuado en la palma de la mano. Llegó a La

Victoria con el último bus de la línea “Yanaq

Chakra”, un servicio clandestino que solo paraba

en barrios donde nadie hacía preguntas. Los

choferes no decían nada. Solo prendían la radio

con música de Chabuca Granda y apagaban las

luces al cruzar el puente de Villa El Salvador.

Eso era la regla: si no ves el número del bus,

no existe.

El primer día, Mateo encontró una pancarta en la

pared: “Rómulo Pacheco, desaparecido 14/06/87”.

La misma fecha que la última carta que recibió.

Nadie la había borrado. Nadie la había

reconocido. Al tercer día, fue a la terminal de

Jirón de la Unión. La empleada le dijo que nunca

hubo un bus llamado Yanaq Chakra. Que los

horarios no existían. Que los nombres no se

escribían en las palmas de los manos. Que los

desaparecidos no viajaban, solo se deshacían.

Esa noche, Mateo volvió al puente. El bus estaba

allí, negro, sin luces, con la puerta abierta

como una boca. No había conductor. Dentro, veía

las mismas bancas de madera que en Ayacucho,

pero cubiertas de polvo de lluvia que no caía.

En el asiento de atrás, una mochila. Su mochila.

Con la misma ropa. Con la misma carta. Con la

misma palma. Él la tocó. La piel de su mano se

volvió fría. La radio se encendió sola. Una voz

que no era de nadie cantaba: “Yanaq Chakra, la

ruta de los que no vuelven”.

Al amanecer, el puente estaba vacío. El bus,

desaparecido. En la pared, ya no había pancarta.

Solo una mancha oscura, como si alguien hubiera

intentado borrar un nombre con agua de lluvia

que nunca llegó. Mateo caminó hasta el río Rímac.

Se lavó la palma hasta que sangró. No había nada.

Solo el frío. Y el silencio. El sistema no lo

había borrado. Él se borró a sí mismo. Porque en

Lima, en 1987, los que no tenían papeles no

podían desaparecer: ya habían desaparecido desde

antes de llegar.