El artista bohemio recibe una carta de un viejo

amigo desaparecido en la selva. La carta

menciona un ritual olvidado y un cuadro que no

debe ser visto. En la casa abandonada del amigo,

encuentra un retrato de una mujer con ojos de

fuego y un mensaje en quechua: "No salgas al

amanecer".

La ciudad de Lima se mueve bajo el peso de la

dictadura. Los medios de comunicación son

controlados, las protestas silenciadas. El

artista comienza a soñar con la selva, con ríos

que fluyen hacia el cielo y voces que hablan en

lenguas antiguas. Una mujer aparece en su

estudio, viste ropa de los años 60, lleva un

collar de piedras negras. Dice llamarse Isabel y

dice conocer al amigo desaparecido.

El artista viaja a Iquitos, donde descubre que

el amigo había estado investigando mitos de la

Amazonia. En un poblado remoto, encuentran un

templo subterráneo donde los rituales se

realizaban con espejos que reflejaban otras

realidades. Un anciano le muestra una pintura

que cambia cada vez que la mira: siempre muestra

a la misma mujer, pero en distintos momentos de

su vida.

El triángulo amoroso se complica cuando la mujer

se revela como una descendiente de una línea

real que vivía en la selva antes de la

colonización. Ella lleva un secreto: el artista

es el único que puede ver el verdadero rostro

del dios de la selva, un ser que se alimenta de

recuerdos. Él no quiere creerlo, pero los

espejos empiezan a mostrar imágenes de su

infancia, de una guerra que nunca vivió.

Una leyenda local prohíbe tocar los espejos en

la noche. El artista lo hace, y el dios responde.

El templo se derrumba, y el artista queda

atrapado con la mujer. Mientras el mundo

exterior entra en caos por una revuelta, él debe

elegir: salvarla o dejarla ir, sabiendo que si

la salva, el dios se enfurecerá y destruirá la

ciudad.

La selva se convierte en un espejo. El artista

escoge dejarla, pero la mujer lo abraza y le

susurra: "No eres el primero, pero sí el

último".

Cuando sale del templo, el mundo ha cambiado. La

dictadura termina esa noche. La selva sigue viva,

pero el artista ya no puede recordar qué fue lo

que vio.